Por Javier moreno

San Andrés Tuxtla: el 67 % que confirma el rumbo y neutraliza el ruido.

En un entorno donde cualquier comentario puede circular con apariencia de denuncia, lo que cuenta es la percepción que la ciudadanía expresa de manera más amplia. Hace un par de semanas, una empresa de comunicación estratégica analizó comentarios y menciones en redes sociales sobre lo realizado hasta ahora por el alcalde de San Andrés Tuxtla y por sus diferentes áreas, incluida la CMAPS. El resultado fue una percepción positiva del 67 por ciento entre quienes expresaron opinión. Este tipo de análisis multiplataforma no sustituye una encuesta demoscópica, pero sí es una herramienta válida y útil de auditoría de reputación: permite identificar temas de fricción y medir la conversación real en el entorno digital donde hoy se genera y circula la opinión pública.
Ese porcentaje no es un dato aislado. Muestra que la mayoría de quienes se manifiestan en redes reconoce avances concretos y aprueba la dirección de la gestión. En el contexto municipal mexicano, un 67 por ciento representa una base de respaldo mayoritaria y estable. Funciona como un termómetro real que permite identificar áreas de mejora y reduce el margen de maniobra de críticas sin sustento. Quien esto escribe tuvo acceso a esos resultados. El estudio se hizo para medir y corregir, no para exhibirse.
Los números se sostienen en hechos visibles del primer año de la administración que encabeza Rafa Fararoni Magaña. El plan de obras contempla más de 130 intervenciones (con la meta de acercarse a 140), entre ellas pavimentaciones en comunidades como Chuniapan de Arriba —550 metros de concreto hidráulico en la calle Venustiano Carranza, una vialidad que durante años presentaba deterioro especialmente en temporada de lluvias—, caminos saca cosechas, el puente Dos Arroyos que beneficia a cerca de cinco mil personas de varias localidades, y proyectos de imagen urbana y conectividad. A ello se suma un incremento de 86 millones de pesos en el presupuesto de egresos 2026 y la liberación de alrededor de 18 millones anuales por la extinción de una obligación financiera, recursos que el Cabildo destinó exclusivamente a obra pública. La ampliación y soterranización del bulevar 5 de febrero, obra insignia iniciada este año, forma parte del mismo esfuerzo.
En la CMAPS, bajo la dirección del ingeniero Jesús Vera Pérez, se han retomado trabajos preventivos y de mejora en las principales fuentes de abastecimiento —San Simón, Los Toto, Avescoma, Las Víboras, El Tular 1 y 2— después de aproximadamente una década de rezago en mantenimiento. Se construye una caja de captación en Las Víboras, se rehabilitaron tanques que suman más de tres millones de litros de capacidad y se atiende de manera cotidiana fugas en redes y tomas domiciliarias. Recuperar una infraestructura hidráulica acumuladamente descuidada exige tiempo y constancia; los avances se miden en metros de red intervenidos, en litros de almacenamiento recuperados y en la continuidad del servicio.
Frente a esto, algunos comentarios negativos que aparecen de vez en cuando en redes, en páginas de reciente creación, casi sin seguidores y sin arraigo, según se percibe en el estudio son mínimos y no representan la opinión de ningún sector de la población; reflejan, en muchos casos, un estado de ánimo de frustración — seguramente por no haber obtenido lo deseado o por verse afectado alguien por una forma de gobierno que prioriza la transparencia, la cercanía y resultados diarios que la ciudadanía puede verificar. Este comentario no busca responder ni contrarrestar esos ataques, no es necesario. Con la forma de gobernar de Fararoni —cercana a la gente y de resultados diarios y a la vista— más el uso de tecnologías de análisis de información, cualquier ataque sin sustento queda automáticamente expuesto y quien lo dirige queda en un papel totalmente negativo. El 67 por ciento funciona precisamente como neutralizador: muestra que la mayoría percibe avances concretos en obra, servicios y gestión.
Los sanandrescanos y los ciudadanos en general, juzgan con lo que ven en sus calles, en el suministro de agua y en la respuesta cotidiana de las dependencias. El análisis reciente registra esa evaluación ciudadana y sirve de base para seguir corrigiendo. En México, desgraciadamente pocos gobiernos miden para mejorar en lugar de para exhibirse, ese ejercicio —y los resultados que lo respaldan— es lo que pesa.

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