Por Eduardo Beye.

San Andrés Tuxtla ya no espera: Fararoni convierte el compromiso en obra.

Hay administraciones que se anuncian. Y hay administraciones que se caminan. En San Andrés Tuxtla, a menos de un año de gobierno, la diferencia empieza a notarse en el pavimento, en los caminos de las comunidades y en la forma en que el Ayuntamiento vuelve a hablar con la gente de a pie.
El presidente municipal Rafa Fararoni Magaña llegó con una cuenta clara: un plan de más de 130 obras, con la meta de acercarse a las 140. No es un número de discurso. Es un calendario que ya se está cumpliendo. En colonias y localidades como Ranchoapan y la 20 de Noviembre se han inaugurado pavimentaciones con recursos del FAISMUN, por cerca de 6 millones de pesos, en beneficio de más de 700 personas. El criterio es sencillo y justo: que las escuelas, públicas o privadas, tengan accesos dignos, y que el vecino deje de esperar años por una calle que debió existir desde hace tiempo.
La obra que marcará el sexenio municipal es el bulevar 5 de Febrero. En agosto arrancó la primera etapa de ampliación y soterramiento de cableado, con rehabilitación de guarniciones, banquetas, alumbrado, agua, drenaje y paradas de autobús. Durante años esa vía fue pretexto: que si era federal, que si faltaba un libramiento, que si el proyecto no cerraba. Fararoni lo dijo sin rodeos: aquí se va a hacer. Cuando un alcalde elige la obra que todos veían y nadie tocaba, el mensaje es de gobierno, no de campaña.
El campo no quedó fuera. La rehabilitación del camino saca cosechas Los Órganos–Úrsulo Galván y el arranque de la ruta El Salto —que conecta comunidades como Nuevo Progreso, Tulapan, Los Naranjos, Chuniapan y Tres Zapotes, con cerca de 9 mil habitantes— responden a una demanda vieja: que el productor saque su cosecha y que el estudiante llegue a la cabecera sin jugársela en el lodo. Invertir en camino rural no es obra menor. Es economía, es turismo y es dignidad.
Hay además una decisión de fondo que vale la pena subrayar. Con el fin de la bursatilización que desde 2008 amarraba las finanzas municipales, San Andrés Tuxtla libera alrededor de 18 millones de pesos al año. El Cabildo acordó que ese dinero vaya a obra pública. Esa es la diferencia entre administrar una deuda heredada y gobernar con margen para construir.
La otra cara del municipio es la que se siente en la calle y en el bolsillo. El Festival del Globo 2026 dejó una derrama directa de unos 8 millones de pesos, con cerca de 5 mil visitantes y un promedio de 50 mil asistentes diarios. No es solo fiesta: es empleo para prestadores de servicios, consumo local y arraigo. En la misma línea, el respaldo a la certificación de cocineras tradicionales refuerza lo que San Andrés ya tiene y a veces no presume: identidad que también puede ser ingreso.
Y hay un tercer eje que suele faltar cuando el gobierno se queda en el escritorio: la cercanía. En septiembre, el Cabildo aprobó por unanimidad la segunda fase de jefas y jefes de manzana para 2026-2029. No resuelve solo, pero sí devuelve un puente entre colonia y Palacio. Gobernar un municipio extenso sin organización vecinal es gobernar a ciegas.
En seguridad el arranque también fue concreto: patrullas, uniformes, más elementos —de 160 a 185 en los primeros cien días—, la Policía Rosa y operativos como Bar Seguro. Nadie puede prometer una ciudad blindada. Sí se puede exigir una corporación equipada, visible y con instrucciones claras. Ese es el piso mínimo, y Fararoni lo puso desde el primer mes.
San Andrés Tuxtla no necesita un alcalde que explique por qué no se pudo. Necesita uno que entregue calle, camino, orden y presencia. Lo que se ve hasta ahora —obra insignia, inversión rural, fiesta que deja dinero y un Cabildo que abre la puerta a la manzana— apunta en esa dirección. El juicio final lo dará el vecino cuando camine la obra. Por ahora, el expediente es favorable: este gobierno está convirtiendo el compromiso en asfalto, y eso, en Los Tuxtlas, ya es noticia.

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