Xalapa, Ver.— Una nota de ayer a las 18:00 horas documentó cuatro horas de un joven con fractura recostado en la camilla de una ambulancia particular, frente a Urgencias del Hospital General de Zona No. 11 del IMSS, porque —según le dijeron a su madre— no había camillas.
Hoy, domingo 13 de septiembre, a las 11:00 horas, el escenario se movió unos metros. Finalmente lo ingresaron. Pero no le han hecho nada.
Eso ya no es un reporte de pasillo. Es un llamado directo al director o directora del Hospital General de Zona No. 11 del IMSS en Xalapa —y a quien hoy tenga el mando operativo de Urgencias, de la Dirección Médica y del turno— para que salga a responder, no con un comunicado genérico de “atención oportuna”, sino con hechos: valoración, analgésico, inmovilización, estudios y destino clínico de Eliut Aram Reyes Romero.
También es un llamado a la titularidad del Órgano de Operación Administrativa Desconcentrada (OOAD) Veracruz Norte y a la cadena de mando del Instituto en la entidad: el caso ya no cabe en la categoría de “incidente aislado”.
Claudia Silvia Romero Aguilar, madre del joven, lo dice sin adorno.
—¿Qué fue lo primero que le dijeron cuando llegaron? —Que no había camillas. Que no lo podían ingresar. Mi hijo llegó con fractura, con todo lo que eso implica, y se quedó en la ambulancia que lo trajo. Cuatro horas. No estaba adentro. Estaba detenido en la puerta.
La madre no discute con el personal de piso. Clama atención para su hijito a la autoridad que administra el hospital.
—¿Lo valoraron? —Lo que hay es espera. Primero afuera. Ahora adentro. Él está lastimado. Vino de un entrenamiento. Se pagó un traslado particular para que lo recibieran, y resulta que el hospital no tenía camilla para recibirlo. Lo metieron. Y hasta ahora no hay valoración, no hay analgésico, no hay inmovilización que se note, no hay estudios. Entonces, ¿qué es una urgencia aquí? ¿El diagnóstico o el hueco en el inventario?
El caso no empezó el sábado. Es parte de una historia que se repite todos los días. La semana pasada, en el mismo nosocomio, un señor de edad avanzada con fractura de cráneo permaneció siete horas sentado en una jardinera. Misma explicación: no había dónde acostarlo.
“Eso es lo que más me indigna. No es solo mi hijo”. Efectivamente, es un patrón. Un adulto mayor con trauma en la cabeza, sentado en una banca. Un joven con fractura, cuatro horas en la camilla de una ambulancia ajena y después horas adentro sin que le hagan nada. El escenario cambia. El abandono es el mismo.
Es un hecho que el personal médico y de ayuda no fabricaron la falta de camillas ni el cuello de botella. Quien tiene que responder es quien dirige el hospital hoy y quien representa al Instituto en Veracruz Norte. El personal de piso no inventó el inventario vacío. El Instituto sí tiene la obligación de resolverlo. No se puede seguir contestando con tarjetas informativas mientras hay gente en jardineras, en sillas con suero, varada en ambulancias o ya “ingresada” y sin atención.
La exigencia, ahora dirigida a la Dirección del HGZ No. 11 y al OOAD Veracruz Norte, queda en cinco puntos:
- Atención inmediata de Eliut: valoración, analgésico, inmovilización, estudios y destino clínico. Hoy. No “en cuanto se pueda”.
- Explicación por escrito —firmada por la autoridad responsable del hospital— de por qué ayer no hubo camilla para una urgencia traumática y por qué hoy, ya adentro, no hay manejo.
- Investigación del patrón, no solo del expediente de un joven.
- Que IMSS Veracruz Norte deje de tratar estas denuncias como “casos particulares”.
- Atención digna. “Eso no es un favor”, dice la madre. “Es la razón de existir del Instituto”.
—¿Qué le diría al director o a quien esté a cargo este domingo? —Que baje a Urgencias. Que no mande a hablar a un vocero. Que vea a mi hijo y a la demás gente que siguen sin atender. Si está saturado, que lo digan con números y que abran camas, refuercen turnos y dejen de improvisar con bancas, ambulancias y la frase “ya lo ingresamos”. Una fractura no espera el turno de una camilla. Una fractura de cráneo tampoco. Cada minuto en esas condiciones no es gestión. Es desprotección.
Cierra sin metáfora.
—A mi hijo no lo trajo un capricho. Lo trajo una lesión real. A ese señor de la semana pasada tampoco lo sentaron en una jardinera por gusto. Los sentó un hospital que, en el momento decisivo, no tuvo dónde recostarlos. Y cuando por fin hay un lugar, tampoco hay acto médico. No es posible. Alguien tiene que responder.
Claudia Silvia Romero Aguilar permanece en Urgencias del HGZ No. 11 del IMSS, en Xalapa. Su hijo ya no está en la ambulancia. Está adentro. Y a las 11:00 de este domingo, la pieza más básica del servicio —atenderlo— sigue siendo el obstáculo.
La pregunta, a esta hora, ya no es periodística. Es institucional: dirección del HGZ 11, ¿va a responder hoy o va a dejar que el expediente se enfríe en el pasillo?






