Por Julieta Millán.
Cuando el DIF sale del escritorio: una lección que Veracruz sí puede copiar.
En Veracruz sobran organismos de asistencia que esperan a que la necesidad llegue a la ventanilla. Faltan los que salen a buscarla. Por eso lo que ocurre en San Andrés Tuxtla no es solo una nota local: es un recordatorio de cómo se puede ejercer el DIF en un estado de 212 municipios, muchos de ellos tan extensos y tan desiguales como Los Tuxtlas.
El Sistema DIF que encabeza la licenciada Andrea Vargas Fernández y opera la licenciada Lorena González Kegel, con el respaldo del Ayuntamiento que dirige Rafa Fararoni, eligió territorio. En ocho meses el organismo dejó de ser oficina y se volvió itinerancia: Lázaro Cárdenas, Tulapan, Cerro Amarillo, Bebedero, Arroyo de Lisa, Lauchapan, Laguneta, La Redonda, Xogapan. Consultas, vacunas, lentes, extracciones, despensas, esterilizaciones, pruebas de VIH. La lejanía dejó de ser pretexto. Esa es la frase que debería interesar a cualquier cabecera veracruzana que aún concentra el servicio y deja a la ranchería para después.
Los números sostienen el método. Primera entrega con recurso propio: 36 aparatos funcionales —26 sillas de ruedas, andaderas y bastones—. Luego, con DIF Estatal y Sedesol: 152 aparatos más, 1,087 despensas, tinacos, refrigeradores, láminas y 15 proyectos productivos. Una ambulancia de traslados comprada por el municipio, no prestada en comodato. Manos que Transforman formó a 180 personas en oficios. El foro Llegamos Todas acercó la Cartilla de los Derechos de las Mujeres. Doscientos noventa lentes para niñas y niños, con Club de Leones y Fundación CLISA. Cobertores en Abrigando Corazones. Un asilo con colchones nuevos, menú, médico, psicóloga y podólogo. Campañas de esterilización y vacunación antirrábica con Callejeritos. Un reglamento animal en camino. Y un edificio nuevo junto al CRISAT que 50 niñas y niños ya decoraron con sus dibujos.
Nada de esto es exclusivo de San Andrés. Es reproducible. Veracruz necesita DIFs que compren la ambulancia en lugar de esperar la del Estado; que lleven la esterilización y la consulta al mismo predio; que formen a la mujer en un oficio y no solo le entreguen la despensa; que traten al adulto mayor como residente y no como expediente. Cuando un municipio demuestra que la asistencia cabe en una silla de ruedas, en un par de lentes y en un perro vacunado, el resto de la entidad queda sin coartada.
Falta camino: instalarse del todo, cerrar el reglamento animal, sostener la salud mental más allá del comité. Pero el balance ya viaja. En San Andrés Tuxtla el amor que protege se administró. Y eso, en Veracruz, sigue siendo noticia.







